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Un Hijo de Dios

febrero 5, 2020

Ser hijo del Altísimo es una gran ventaja. Lleguemos a ser Hijos de Dios



El engendramiento que describe el apóstol Juan en el Evangelio de Juan capítulo uno, versos doce al trece, en el espíritu, es así como fue engendrado Jesús en el vientre de María para ser Hijo de Dios. ¿Nosotros somos engendrados por Dios, para llegar a ser Uios de Dios? Un Hijo de Dios

Llegando a ser un Hijo de Dios

En el Evangelio de Juan 1 1-13, la Escritura dice que a lo suyo vino y los suyos no le recibieron pero a todos aquellos que creen en Él, Dios les dio el poder o la potestad de llegar a ser hijos de Dios, los que no son engendrados según carne, sangre, o voluntad de varón, sino por voluntad de Dios.

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Si omití alguna palabra, perdónenme, estoy recordando solamente el verso, pero realmente estos versículos se refieren a que todo aquel que cree en Jesús, Dios le da el poder de llegar a ser hijo de Dios y que ese engendramiento, el convertirnos en hijos de Dios, sucede solamente por voluntad de Dios, no sucede por herencia. ¿Cómo me convierto en Un Hijo de Dios?

Soy hijo no por herencia

Es decir, “si mi papá cree en Dios o si mi papá es hijo de Dios, entonces, yo como soy su hijo, también soy hijo de Dios”, no es por herencia, no es por sangre, no es por linaje, no es porque un hombre quiera, esto solamente pasa porque Dios quiera, y si Dios quiere, entonces, si yo creo en Jesús y si Dios quiere, Él me da a mí el poder para llegar a ser un hijo de Dios.

Entonces, Sandra nos está preguntando si este engendramiento que sucede por voluntad de Dios ―lo que entiendo―, es la misma manera en la que Jesús fue engendrado en el vientre de María, y si así sucede con nosotros para llegar ser Uios―ella utiliza la palabra Uios de Dios, Uios es una palabra griega, que se traduce al castellano como “hijo”. Uios, en griego, significa hijos.


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Hay algunos detalles de la palabra Uios, que no voy a explicarlos porque me alargaría demasiado en esta respuesta, solamente ahorita nos interesa saber que Uios es una palabra griega que se traduce al castellano como hijo―.

Con base a lo que acabo de analizar de esta pregunta, hermana Sandra, te voy a responder. La respuesta es no, de ninguna manera. Cuando nosotros venimos a la fe en Cristo Jesús, cuando creemos en Jesús, el engendramiento que sucede no es de sangre, no es por voluntad de hombre, no es por voluntad de varón, sino que solamente es por voluntad de Dios.

La genética no influye en lo absoluto

¿Qué quiere decir esto? Que en mí no comienza a circular la sangre de Dios, la genética de Dios no comienza a ser parte de mi genética, yo sigo siendo quién soy, sigo teniendo mi sangre, sigo teniendo mi genética, sigo teniendo los defectos, sigo teniendo los problemas genéticos, y sigo teniendo los atributos genéticos que heredé de mis ancestros, de mis bisabuelos, de mis tatarabuelos, de mis padres y solamente tengo la marca genética de ellos. Aunque sea Un Hijo de Dios.

No hay en el engendramiento por la fe en Cristo, en ningún momento, un cambio genético en mí; por eso, no sucede, en este engendramiento espiritual para llegar a ser Uios de Dios, nunca, jamás, un cambio genético en mí, yo sigo siendo quién soy.

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Lo único que sí sucede es un engendramiento en el Espíritu para que, por la fe, en el momento que yo muera en el bautismo y nazca de nuevo, al salir del agua del Bautismo, el Espíritu Santo venga a mí y, entonces, comience a generar una nueva vida; pero, físicamente yo sigo siendo el mismo, mis ojos, mi voz, mi boca, mi rostro, mi fisionomía sigue siendo la misma, yo no voy a cambiar, todo sigue siendo igual.

La transformación es por la fe

¿Qué es lo que va a suceder? Una transformación en mi personalidad, una transformación en mi modo de pensar, una transformación en mi modo de actuar.

Pero, yo voy a seguir siendo el mismo físicamente, a menos que me engorde o a menos que vaya al gimnasio, haga ejercicio y haga fitness y workout, sigo siendo el mismo. Aunque sea Un Hijo de Dios, lógicamente, voy a envejecer, voy a crecer, voy a morir, porque la naturaleza divina nunca se traspasa a mí, físicamente, es solamente en el Espíritu.

Pero, con Jesús, cuando Jesús fue engendrado en el vientre María, sí fue físicamente, la Escritura dice en la carta a los Hebreo 10.5, “sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo”.

Refiriéndose al cuerpo del Mesías. El salmista está anunciando proféticamente y Apolos está ratificando en Hebreos 10.5, que el cuerpo del Mesías fue un cuerpo físico, el cual fue preparado especialmente para el Mesías. Entonces, cuando el Espíritu Santo vino a María y la cubrió…

El cuerpo de JESÚS es Celestial

Es decir, cuando vino sobre ella el Espíritu Santo, el Espíritu Santo lo engendró, físicamente, no en el espíritu. Colocó en María el cigoto ya fecundado para que se formara el cuerpo que había sido preparado genéticamente en el cielo, para que alberga la gloria de Dios en toda su plenitud.

Ese cuerpo, es el cuerpo del Mesías, es un cuerpo especialmente formado creado y diseñado para cargar, resistir la carga del pecado de toda la humanidad, para resistir el clavo y la cruz, para resistir la tortura y el martirio, para resistir la prueba y la tribulación y para poder continuar vivo.


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Aun cuando hubiera perdido toda su sangre, Él seguía vivo; por eso, la Escritura dice en Juan capítulo diez que Él es el Buen Pastor que da su vida por las ovejas y también Jesús anota más adelante y dice “Ninguno me quita la vida, sino que yo mismo la pongo y yo mismo la vuelvo a tomar”.

En semejanza de carne humana

Entonces, este cuerpo físico fue preparado por Dios para que albergara el alma del Mesías y para que pudiera resistir toda la prueba para la que fue enviado. Físicamente, el Hijo de Dios fue engendrado en María.

María lo parió físicamente; no fue un espíritu, fue un hombre, un bebé el que nació y este bebé creció, se hizo hombre y luego fue bautizado por Juan en el Jordán.

Posteriormente, comienza su ministerio, el cual termina en la cruz del Calvario hace 2000 años, Él murió, y dice el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, que Dios derramó Su sangre en la cruz del Calvario y compró a Su iglesia con la sangre de Dios.

La sangre de Dios

La sangre que corría por las venas de Jesús era la sangre de Dios, no era la sangre de María, no era la sangre de José, no había sangre humana en Jesús, la sangre de Él, dice la Escritura en romanos, era la sangre de Dios.

Es decir, no hubo jamás un vínculo genético entre la humanidad caída y perdida ―incluida María―, Jesús jamás tuvo un vínculo genético, nunca. ¿Por qué? Porque tenía que ser la genética divina y pura, como dice el apóstol Pablo en 1 Cor 15.38 en adelante, que hay dos tipos de cuerpo, un cuerpo animal que es de la tierra, y hay un cuerpo Espiritual que es del cielo.

Y dice la Escritura que el primer Adam ―que es de quien relata la Biblia en Gén 2― era de la tierra, pero el postrer Adam es celestial, es del cielo.

Cuerpo animal y cuerpo celestial

Es decir, el cuerpo del primero fue hecho de la tierra; pero, el cuerpo del postrero, que es Jesús de Nazaret, fue hecho en el cielo, es celestial. Así que, el engendramiento que sucedió en María, cuando el Espíritu Santo coloca a Jesús dentro, no tiene nada que ver con el engendramiento que sucede por el Espíritu en nuestras vidas cuando creemos en Jesús.

Esto es, mi sangre sigue siendo la misma, mi cuerpo sigue siendo el mismo, yo no doy a luz un nuevo bebé, eso no pasa, eso solamente sucede en el espíritu, y es por esa fe y por esa gracia del Señor en la que a medida que avanzamos en la fe y crecemos en la obediencia al Señor, comenzamos a crecer en Él.

Llegando a ser Un Hijo de Dios

Comienza a gestarse y a crecer una nueva criatura en mí, como dice el apóstol Pablo “Ya no vivo yo más Cristo vive en mí”, y también en corintios, dice la Escritura “las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”, “de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron he aquí todas son hechas nuevas”.