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EL GRAN YO SOY IV parte

enero 31, 2020

[Viene del Post anterior…]

De esta manera, el apóstol Pablo también, posteriormente, en su primera carta a Timoteo capítulo 3, versículo 16 anota algo muy maravilloso y muy especial que quizás la mayoría de nosotros no hemos tenido en cuenta: hay un misterio oculto, un misterio profundo, un misterio grandioso que siempre estuvo oculto por todos los siglos en Dios. Pero, al final, en el cumplimiento del tiempo, se hizo patente y se manifestó. El apóstol Pablo lo define como “el misterio de la piedad”.

El misterio de la piedad… ¿en qué consiste?, ¿de qué se trata el misterio de la piedad? Consiste en que el Verbo se hizo carne, Dios se hizo carne y dice la escritura: “Y, por confesión unánime, grande es el misterio de la piedad: Él fue manifestado en carne, Fue justificado en Espíritu, Fue visto por los Ángeles, Fue proclamado entre los gentiles, Fue creído en el mundo, Fue recibido arriba en gloria.” Todas estas alusiones apuntan, de manera directa, a Jesús de Nazaret. Jesús es quién fue justificado por el Espíritu, Jesús es quien fue visto o cuidado por los ángeles, Jesús es quien ha sido anunciado en todo el mundo gentil, Jesús es quien ha sido creado en el mundo y Jesús es quién fue recibido arriba en gloria.

Jesús entonces cumple ─y llena completamente─ todo el marco de las profecías del Viejo Pacto y también todas las definiciones de los apóstoles en la Iglesia. Toda la Iglesia en general del primer siglo creía, por confesión unánime, que Jesús era el mismo Dios manifestándose en carne y hueso, que Jesús era el Shadday visto en carne y hueso y caminando en la tierra, que Jesús es Emmanuel (Dios con nosotros).

Por esta razón, es prioritario y de gran importancia, que todos nosotros ─los cristianos, los que creemos en Dios y los que creemos en Jesús─ tengamos la misma confesión, tengamos la misma fe y que aceptemos humildemente lo que la Escritura dice. Jesús es Dios manifestándose en carne. Qué grande es este misterio de la piedad. Humanamente no tendremos jamás la capacidad de comprender. Pero, por gracia y obra de su Espíritu Santo ─tal cómo le pasó al apóstol Pedro─ recibimos la revelación de que Jesús es el Hijo del Dios viviente, de que Jesús es el Mesías, Jesús es el Cristo y de que no hay otro Dios fuera de Él, Jesús es Dios con nosotros.

Este discipulado continúa en el siguiente Post