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¿Por qué Dios creó al diablo?

enero 10, 2020

Del sello de la perfección al espanto eterno

La segunda pregunta hoy: ¿Por qué Dios creó al diablo?, aquí en de frente a la Biblia nos llega desde Chiclayo, al norte de Perú y nos la envía una joven llamada Elvira ―no tenemos más referencias―

¿Por qué Dios creó al diablo?

Por qué Dios crea a Satanás, es la pregunta. Es una pregunta válida, es una pregunta que mucha gente se ha hecho, me la han hecho muchas veces en público y hoy aprovecho para responderla aquí con todos ustedes.

Es una pregunta difícil, claro que sí. Lo que se entiende es que Dios, siendo un ser bueno, Santo y justo, ¿cómo es posible que Él soporte la existencia del mal… la tolere?

Si es bien sabido por todos nosotros, que hay un par de fuerzas gigantescas en el universo: el bien y el mal. Pero, por qué Dios creó al mal, es la pregunta. Por qué Dios creó a Satanás, sabiendo que iba a ser malo.

Dios creó todos los seres angelicales

La respuesta es la siguiente: Dios crea, inicialmente, seres angelicales, seres espirituales y finalmente hace a toda la creación material; pero, de estos seres angelicales, uno de ellos, el más grande de todos, el querubín grande y protector ‘Lucero’, dice la Escritura que fue “el sello de la perfección de Dios, acabado en toda hermosura, lo hizo santo, lo hizo bello, lo hizo hermoso con toda gloria y con toda majestad”.

¿Qué quiero decir con esto? Que cuando Dios creó a Lucero, creó un ser bueno, creó a un ser perfecto, un ser santo, creó un ser puro acabado en todo hermosura, bello. Y se atrevió el Señor a darle este título como “el sello de perfección”; es decir, no había nada más perfecto que él.

Dios creó a Lucero

Dios no creó al diablo, Él creó a Lucero; pero, más adelante a partir del corazón de Lucero, nació un sentimiento de independencia a Dios, Lucero quiso ser independiente, Lucero quiso tomar sus propias decisiones, Lucero quiso decir por sí mismo y un día dijo:

“subiré a lo alto, a los lados del Norte, junto a las estrellas de Dios en el monte santo, llegaré allí y me sentaré en el trono de Dios y seré semejante al Altísimo”, y allá el profeta Isaías en el capítulo 14, verso 28 y en correspondencia con el profeta Ezequiel 28.14.

En estos dos pasajes, Dios habla de la creación hermosa que fue Luzbel y cómo era el sello de la perfección y luego, en Ezequiel dice “hasta el día en que se halló en ti maldad”.

La maldad nació del Lucero

Esa maldad, que nació, que emanó del corazón de Luzbel, no fue creada por Dios, fluyó de él mismo. En su corazón ―al desear ser independiente a Dios, al desear no tener Gobierno sobre él, al querer ser Dios mismo, al querer ser adorado, al querer recibir gloria― fluyó la maldad, y esa maldad lo consumió desde adentro hasta afuera.


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En ese momento, Luzbel dejó de ser “el sello de la perfección”, el cual Dios sí creo, y llegó a ser ―por sus propios medios― el adversario o Satanás. Dios no creó a Satanás, Dios no creó el mal.

Él creó a un ser perfecto, un ser acabado en toda hermosura, en toda belleza; pero, Lucero de su corazón, por su arrogancia, por el orgullo de su propio interior, fluyó y brotó la maldad que lo consumió y que lo hizo llegar a ser Satanás.

La raíz del mal es el orgullo

Con esto puedo decirles que es como el caso del ser humano, en el ser humano sucede lo mismo. Dios crea al hombre, y lo crea puro, lo crea santo, lo crea perfecto; pero, él decide tomar un camino, al lado del camino que Dios había trazado ―recordemos que:

Dios coloca al hombre en el huerto de Edén y le da algunas instrucciones, el hombre solo tenía que caminar por ese sendero―, él sintió en su corazón el deseo de independencia también, él quiso ser igual a Dios, esa fue la trampa, la misma trampa.

Lo mismo que nació en el corazón de Satanás, de Luzbel inicialmente, es lo que Satanás ahora, ya como un ser caído, como ser sin nombre, sin identidad, le coloca la trampa a Eva y Eva decide comer.

El hombre siguió los pasos

En el momento que Eva y Adam se hacen independientes a la voluntad de Dios, obligatoriamente se halla en ellos la maldad, se hacen independientes a Dios y se convierten, por ende, en esclavos de Satanás.

No hay términos medios, obedecemos a Dios u obedecemos al diablo, no hay términos medios. Hay muchos ateos que dicen: “yo no creo en Dios y no creo en el diablo” No, si no crees en Dios, crees en el diablo, punto. No hay nada que hacer, solamente hay dos bandos, y hay que estar realmente en el lado del bando ganador.

En Conclusión

Para resumir, Dios no creó a Satanás, Satanás fue el fruto, el producto del deseo de independencia y del orgullo que nació en el corazón de “el sello de la perfección”, del querubín grande y protector que fue en su momento Luzbel, de él fluyo la maldad y él llegó a ser ―él mismo se convirtió― en Satanás.