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¿La salvación es por obras, o por gracia?

enero 1, 2020

El Apóstol Pablo Vs el Apóstol Santiago

La primera pregunta nos llega desde Santiago de Chile, la está haciendo nuestra hermana Ingrid Fuentealba, ella desea saber si la salvación es por obras o por gracia.

¿La salvación es por obras, o por gracia?

Hace un comentario más aquí, diciendo que siempre hay personas que leen la Biblia, y ella también; pero, cuando la lee, ve en Santiago que dice: “¿tú crees? muéstrame tus obras”, y cuando lee al apóstol Pablo, se encuentra con que la Biblia dice que la salvación es por fe y no por obras, es por gracia y no por obras para que nadie se gloríe. Entonces, la segunda pregunta que hace Ingrid Fuentealba es:

¿Por qué se contradicen entonces Pablo y Santiago?

Excelentes preguntas

Gracias Ingrid, por tu pregunta. Muy interesante. Trataré de responderla con la mayor sencillez posible para no complicarlo tanto, realmente esta es una pregunta que ha traído de cabeza por muchos años a los teólogos, a los pastores y a los ministros.

Se ha levantado cualquier cantidad de conjeturas, cualquier cantidad de escuelas de pensamiento bíblico en torno a esto. Aparecen, por un lado, luteranos; por otro lado, los calvinistas, y hay una batalla, hay una pugna bien terrible en cuanto a la predestinación, a la fe, a la gracia y a las obras.

Diversas creencias de este tema

También aparecen los mesianistas, los mesiánicos o los judeomesiánicos que afirman que la Iglesia también debe guardar y hacer las obras de la ley para para poder cumplir la Escritura y poder alcanzar la salvación en el Mesías. Esta es una pregunta que nos plantea Ingrid desde Santiago de chile que, como digo, ha traído de cabeza a mucha gente, por muchos años.

Pero, la respuesta es sencilla, lo primero que tenemos que hacer realmente ―y no solo con esta inquietud, sino con todas las preguntas que hay acerca de la Biblia, cuando estamos leyendo las Escrituras― es ponernos de frente a la Biblia, ese es el título del programa, ponernos ‘De Frente a la Biblia’, y enfocarnos realmente es lo siguiente: todo asunto de doctrina, de enseñanza, todo asunto de exhortación que aparece en la escritura siempre viene dirigida a un público en específico.

Si bien es cierto que toda la Escritura es útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para instruir en justicia, también es cierto que no toda la Escritura ha sido inspirada para toda la humanidad en general o para toda la creación en general.


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Destinatarios diferentes

Hay porciones de la escritura en donde Dios le habla a los ángeles, hay porciones de la escritura en donde Dios le habla a la naturaleza, hay porciones de la escritura en donde Dios le habla la humanidad en general.

Hay partes de la escritura en donde Dios le habla solamente a Israel, hay partes de la Biblia que están dirigidas siempre a un grupo o a una persona en específico y, a pesar de que toda la Escritura es inspirada por Dios y me es útil para yo aprender, ser instruido, ser corregido, crecer, avanzar, tengo que entender que no todo el mensaje, tácita y literalmente, está dirigido a mí.

El caso de Santiago (Jacobo)

Entonces, yo tengo que enfocarme en esto; en el caso particular de la pregunta de Santiago, por ejemplo, cuando usted lee la epístola de Santiago se da cuenta que los destinatarios de esta maravillosa carta ―y hay que decir que no es Santiago sino Jacobo;  el nombre correcto de esta carta es Jacobo, porque ‘Santiago’ es una deformación lingüística de ‘San Jacob’ o de ‘San Jacobo’.

A lo largo de los años, la latinización de estas cartas conllevó a que saliera el nombre Jacobo y se convirtiera en Santiago por ‘San Jacob’; pero, realmente, el nombre del autor de esta carta a la que generalmente le decimos Santiago, es Jacobo―, enfáticamente, son las doce tribus en la diáspora, las doce tribus que están expatriadas, las doce tribus que están en el mundo dispersas en la tierra. Entonces, Jacobo apunta a ellos y les dice ―a este grupo de judíos que se han convertido al señor, quienes ya tienen un pacto previo en el monte Sinaí― que deben demostrar lo que ellos creen con sus obras.

La postura de Pablo (Saulo)

Sin embargo, cuando el apóstol Pablo escribe a los Efesios, a los Filipenses y a los gálatas, no escribe a los judíos, escribe a la iglesia gentil en el mundo entero y es a la Iglesia gentil a la que le dice que no debe buscar hacer obras para salvarse porque la salvación no es por las obras que hagamos sino por la gracia inefable que hemos recibido de parte de Dios.

Aquí, hay que anotar algo, y es que la salvación no solamente es un regalo que Dios entregó, la salvación no solamente es un regalo. ¿Por qué? Porque cuando uno da un regalo y le dice a la persona: “mira, te regalo esto”, el regalo implica un compromiso de retroalimentación.


Algunos temas del taller de discipulado…

Por esto, cuando tú le regalas algo a una persona, la persona se siente en deuda y te lo quiere retribuir: “Bueno, tú me invitas hoy, y yo invito mañana”. Siempre hay una retroalimentación en los regalos, por eso, para estas fiestas todo el mundo se intercambian regalos, porque nadie quiere quedarse atrás: “tú me regalas, yo te regaló”.

La salvación es una Dádiva

La salvación, en cambio, no solo es un regalo, sino que es un regalo gratuito, ¿qué quiere decir esto? que Dios lo da y no espera recibir nada a cambio y, en ese contexto, la palabra que define el regalo de Dios, de la salvación, no es regaló sino dádiva, porque la dádiva de Dios es eso, es un regalo gratuito.

Lo que quiere decir, que Dios regaló la salvación y no espera ―hablando del pueblo gentil, de todas las naciones que no son Israel― recibir algo a cambio, porque regaló la salvación como una dádiva, ese es el regalo que Dios hizo para el mundo, para la Iglesia del Señor.

Sin embargo, en lo tocante a Israel, los judíos tienen que hacer obras, porque tienen un pacto que los amarra, que los ata al cumplimiento de una ley que Dios les entregó a ellos; entonces, en el momento que los judíos se convertían en el cristianismo, ellos tenían que demostrar su fe en obediencia de las obras que ellos guardan, de su pacto de la ley.

Pero, los gentiles al no tener ley, no podían guardar las obras de la ley, sino que tenían que descansar, y aún hoy el gentil debe descansar en la dádiva que Dios le da.

Judíos y gentiles

Así que, el judío hace las obras de la ley y las guardas por la fe, para que entonces la gracia de Dios venga, se ejecute y se efectúe en ellos la salvación; pero, el gentil recibe la fe primero, recibe la dádiva de Dios primero y, por causa de haber sido salvo, ahora hace las obras de Dios de la fe; es decir, para el gentil, las obras son una consecuencia de haber sido salvado; para el judío, las obras son la guía, el camino para alcanzar ese regalo de la salvación.

Son dos pactos distintos, son dos pueblos diferentes y, por eso, cuando el judío quiere justificarse tiene que hacer las obras de la ley, para alcanzar cierta justificación delante de Dios.

Sin embargo, cuando el judío deja el judaísmo, se convierte a Cristo, reposa en la gracia inefable de Dios y cree en la dádiva que Dios le ha dado, automáticamente deja de confiar en las obras muertas de la ley y reposa en la confianza plena, en la salvación que Cristo Jesús ha regalado.

Allí, el judío deja de ser judío y se convierte a Cristo, y el gentil deja de ser pagano-gentil y se convierte a Cristo. Aquí es donde explica el apóstol Pablo que Dios elimina la pared intermedia entre dos pueblos y de Israel y del mundo gentil saca un remanente para hacer un solo cuerpo y ese solo cuerpo se llama la Iglesia de Cristo.

En conclusión

En otra ocasión estaremos hablando de esto. No es la pregunta; pero, ésta es la respuesta para ti, mi hermana Ingrid Fuentealba: la salvación es por gracia, por la gracia inefable de Dios, no es jamás por obras.