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La iglesia verdadera, Caracteristicas

febrero 11, 2020

Tenemos otra cita: Hechos capítulo 14, versículo 27, que me gustaría compartir ahora y conversar acerca de ella, para así tener una mayor claridad acerca de La Iglesia Verdadera. Léela conmigo, por favor. Leo desde la edición 28a del Nuevo Testamento Griego, dice:

“Cuando llegaron y reunieron a la iglesia, les informaron de todo lo que Dios hizo con ellos, y cómo había abierto a los gentiles una puerta de fe.” Aquí hay otro ejemplo claro de que para Dios y los apóstoles del primer siglo, la iglesia no era un concilio, no era una denominación, la Iglesia no era un lugar donde se reunían.

Puedes ver otros datos interesantes de este tema en nuestro post anterior, solo debes hacer clic Aquí.

¿Qué papel juegan las personas?

La iglesia verdadera, era la gente, las personas que se congregaban, y dice la Escritura que cuando regresaron de cierto lugar, donde habían estado trabajando, donde habían estado sirviendo a Dios, predicando el Evangelio y llegaron a la ciudad de base de donde habían salido, reunieron a la iglesia y les contaron todas las cosas que Dios había hecho y cómo Dios había ─de una manera milagrosa─ abierto la puerta de la predicación del evangelio; ergo, de la salvación a los gentiles.

Entonces, la Iglesia verdadera─el grupo de personas de esta ciudad que tenían una fe en común con los apóstoles─ fue convocada, y todas las personas que tenían la misma fe, se unieron en algún lugar para oír y recibir el testimonio y el reporte que traían los misioneros, los apóstoles, los predicadores que habían estado haciendo la tarea. Así que, una vez más, la escritura muestra que la Iglesia no es un lugar de reunión, la Iglesia no es un edificio, la Iglesia no es ─de ninguna manera─ una casa, la Iglesia no es una catedral. La Iglesia verdadera es el grupo de personas que creen y que tienen una fe en común.

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Otra cita especial que podemos compartir, es Romanos 16.15, dice: “Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.” Este es un saludo del apóstol Pablo, que está haciendo a la iglesia en Roma y, cuando se refiere a estos personajes, los está saludando ─puedes ver la cita completa de Romanos capítulo 16─, Él se refiere directamente al grupo de personas que se congrega o se reúne en cierta casa, en cierto lugar, y a ella (a la iglesia) le envía saludos.

Algunos textos especiales en las cartas paulinas

En este pasaje de la Escritura hay una lista en la que el apóstol se toma el trabajo de mencionar nombre por nombre, a cada una de las personas que se reúnen en ese lugar, que están presentes allí, pero que el apóstol les llama “la Iglesia”, a estas personas, el apóstol Pablo les dice que son la Iglesia.

Otra cita especial, la podemos encontrar en el libro de Hechos. Acompáñame a leerla, por favor. Vamos a Hechos nuevamente, y lee conmigo la siguiente cita, Hechos capítulo 11, verso 26: “Y cuando lo encontró, lo llevó Antioquía. Y sucedió que se reunieron con la Iglesia aun por un año entero para enseñar a una multitud considerable. Y a los discípulos se los llamó Cristianos por primera vez en Antioquía.” Aquí miramos otro ejemplo práctico de la vida cristiana del primer siglo, vemos que llegaron a la ciudad de Antioquía y, en ese lugar, se reunieron a enseñar con la iglesia.

¿Si no vamos a la Iglesia, Somos la Iglesia verdadera?

No dice la Escritura “fueron a la iglesia a enseñar por un año”, al contrario, dice que durante un año se reunieron con la iglesia para enseñar las Escrituras, trabajo que trajo una consecuencia: al reunirse la iglesia o al reunirse con la Iglesia ─que son las personas con una misma fe en Cristo─ comenzaron a consolidarse y a crecer de tal manera, que los discípulos comenzaron a ser llamados Cristianos por primera vez en Antioquía. La Iglesia en Antioquia no era una catedral, la iglesia en Antioquía ─al igual que la iglesia en Jerusalén─ no era una catedral, un concilio, una denominación o un edificio. Pero si, era la Iglesia verdadera.

La Iglesia verdadera, eran las personas que se reunían con una fe en común porque creían en Jesús. No en vano, cuando el profeta Natán habla a David de parte de Dios le dice que no es posible que Dios habite en un edificio hecho por manos de hombre, Dios es demasiado grande para vivir o habitar en una casa en la tierra. Sabemos por definición y por concepto de fe, que la Iglesia es el lugar donde Dios habita, es la casa de Dios; pero, Dios dejó establecido que Él no vivía en templos, no vivía en catedrales, no vivía en ninguna estructura material hecha por los hombres. De hecho, cuando Jesús vino, Su propósito y decreto sobre Jerusalén, sobre el templo y sobre el santuario, es que no quedaría piedra sobre piedra que no fuera derribada.

¿Dios está fuera de los templos y santuarios?

El mismo Dios determinó derribar el santuario, determinó destruir el templo que habían hecho según la estructura y según el diseño de David y Salomón, Él determinó que debía ser destruido; pero, antes de eso, en el capítulo 4 del evangelio de Juan, Jesús dice, para solucionar el problema que había en cuanto a qué lugar pertenece la adoración ─los judíos decían que había que adorar en Jerusalén, donde estaba el templo que construyó Salomón, y los samaritanos decían que había que adorar en Samaria─.

Había una pugna entre el mismo pueblo de Dios, los hijos de Dios habían entrado en una contienda, en una división, en una situación de división total de siglos basados solamente en su fe, pues unos creían que pertenecían a la Iglesia verdadera de Dios porque se reunían en el templo de Jerusalén, y otros creían que pertenecían a la Iglesia de Dios porque se reunían en los lugares altos que habían sido edificados en Samaria.

Otros lugares de adoración

Había lugares de adoración selectos, en donde cada pueblo pensaba que era el lugar correcto para reunirse, y que esa era su iglesia, que esa era su congregación; sin embargo, Jesús solución esta situación de una manera poderosa cuando habla con la mujer samaritana y le dice:

“…Mujer, créeme que viene una hora cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.” , le dice, además, que llegaría el momento cuando Dios sería adorado en todo lugar, en donde hubiera una persona que lo busque en espíritu y en verdad.

Jesús decreta la destrucción de los santuarios y muestra su ineficacia

Jesús decreta la destrucción de Jerusalén y del templo para sacar la fe de los lugares de reunión, para quitar la mira de los lugares de reunión de los fieles, para que los fieles ─sus hijos, su pueblo─ pusieran la confianza solamente en Él y entendieran que ser parte de su pueblo es reunirse dondequiera que uno de nosotros tenga la disposición para orar, adorar y buscar la presencia de Dios, “Porque donde están dos o tres congregados en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos.”

En resumen, Dios no está en tu concilio, Dios no está en el templo donde te reúnes, Dios no vive en la Iglesia que el pastor construyó, Dios no vive en el edificio o en la catedral a la que vas usualmente cada semana, Dios no habita allí.

Dios dijo que no habita en lugares hechos por manos humanas, pero sí te puedo decir que si tu corazón está abierto y dispuesto para él, dondequiera que estés, dondequiera que vayas, allí tu vida puede ser un santuario y puede ser un templo de adoración y de búsqueda a Dios. Así que, cuando dos de ustedes se reúnen, allí en medio de ustedes está Jesús, porque su fe está puesta en Cristo.

La realidad de las instituciones Vs La Iglesia verdadera

Entonces, debemos entender que el lugar en donde te congregas no significa algo, el concilio al que perteneces no significa algo, la denominación a la cual has pertenecido por generaciones ─quizá─ no tiene validez, no tienen algún valor real, aparte de sentimientos, vínculos, afectos o amistades.

Lo único que tiene valor, realmente, es que tu corazón ─donde sea que estés, donde sea que te reúnas, donde sea que te congregues─ haga una adoración sincera, sencilla y verdadera a Dios, porque donde hay dos o tres que Lo busquen en espíritu y en verdad, ahí está Dios con ellos, porque los que adoran a Dios, dice la Biblia, es necesario que lo adoren en espíritu y en verdad.

¿Perteneces a la iglesia verdadera?

¿A qué iglesia perteneces? Pues hoy, en esta primera parte, estamos mirando que no pertenezco a un concilio, no pertenezco a una denominación, no pertenezco a un movimiento. Pertenezco a la iglesia que busca a Dios en espíritu y en verdad.

Por lo tanto ─presta mucha atención a lo que te voy a decir ahora─, no puede existir rivalidad, pugnas, contiendas o divisiones entre tú que perteneces a la iglesia 1, y tu vecina que pertenece a la Iglesia 2, y tu amigo que pertenece a la Iglesia 3, o a la roja, o al amarilla, o a la triangular, o a la circular, o a la pentagonal, o a la cuadrangular, o a la trinitaria.

No debe haber división porque solamente son etiquetas que los hombres hemos puesto para poder tener un lugar donde reunirnos, y que los hombres han puesto también por ley, porque el gobierno lo exige. Pero, realmente la única etiqueta que debe definirte es “Iglesia de Cristo”.

La fe debe estar en JESÚS

Si tu fe es puesta en el único autor y consumador de la fe, en el dador de la vida; la única etiqueta que debes tener sobre ti, en tu frente es “Soy Iglesia de Cristo”. Por tanto, cuando alguien te pregunte a qué iglesia perteneces, no debes decirle “soy cuadrangular”, “soy trinitario”, “soy pentecostal”, ‘ ‘soy “x” o “y”’, “soy presbiteriano”, “soy bautista”, “soy católico”.

Si tú fe está puesta en el único autor y consumador de la fe ─que es Jesús─ entonces, tu respuesta debe ser “soy de la Iglesia de Cristo”, “soy de la Iglesia de Jesús”, esa debe ser tu respuesta porque es lo único que realmente vale y es lo único que realmente es importante

¿A qué iglesia perteneces? Tú perteneces a la Iglesia de Jesús de Nazaret.