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Profetas mentirosos

febrero 7, 2020

Los profetas mentirosos siempre han existido en la tierra. Pero nadie reconoce que lo és.

¿Cómo hace un profeta para no dejar que el espíritu de la mentira llegue a su vida? esto tiene que ver con los profetas mentirosos.

Es la Pregunta que nos hace nuestra hermana Silvana, en el contexto de la respuesta que dimos a nuestro hermano Nico la semana pasada. Nuestro hermano Nico, en el episodio anterior, nos preguntó acerca del falso profeta, quién es el falso profeta y la bestia del Apocalipsis.

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Le di la respuesta a Nico y a raíz de la respuesta que le di, nuestra hermana Silvana escribe cómo hace un profeta para no dejar que el espíritu de la mentira llegue a su vida. Esta es una pregunta interesante, y la voy a responder lo más rápido y lo más sencillo posible, cómo hace un profeta para no dejar que el espíritu de la mentira llegue a su vida.

Es inevitable que la mentira llegue

De pronto, usted se va a sorprender; pero, la respuesta es que no puede evitarlo, ningún profeta puede evitar que el espíritu de la mentira llegue a su vida. Quizá, muchos se van para atrás ahorita y dicen ¿Cómo así? Pues sí, es la verdad, hay que ser francos, hay que ser realistas y el hecho de que una persona sea profeta, no garantiza que sea verdadero si no que sean profetas mentirosos.


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Y voy a encerrar el cuadro profetas en la iglesia de Cristo, hay muchos profetas por todas las sectas, hay profetas en todas las doctrinas, hay profetas en todos los credos, en las culturas antiguas hay profetas, pero voy a encerrar el cuadro, para que no digan que le estoy echando el agua sucia a alguien.

Voy a encerrar el cuadrito aquí, vamos a encerrar solamente a los profetas de Cristo, los profetas en la iglesia Cristo, los profetas que fueron escogidos por el Señor para ser profetas en la Iglesia.

¿Imposible de creer que haya profetas mentirosos. ?

El que crea esto o no lo crea, da igual― en la Iglesia de Cristo puede evitar que el espíritu de la mentira venga a su vida y lo engañe, ninguno, nadie. Ningún profeta está exento de fallar, ningún profeta está exento de decir algo equivocado, ningún profeta, por muy ungido que esté, tiene la capacidad de garantizar que es infalible, porque todos los hombres somos falibles. por eso hay profetas mentirosos.

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Así que ―reitero―, ningún profeta puede evitar que el espíritu de la mentira llegue a su vida. Si usted conoce a un profeta, pues no le crea tanto porque es probable que un día le mienta y es probable que te haya mentido y usted no se haya dado cuenta es muy probable que le esté mintiendo, inocentemente, al no haberse dado cuenta que el espíritu de la mentira lo tiene atrapado. Siempre hay Profetas mentirosos.

Muy frecuentemente…

Esto es tan común, hoy en la iglesia, y es tan frecuente en la iglesia, aún en los profetas más consagrados, aún en los profetas que más se humillan y más buscan al Señor, todos están sujetos de alguna manera a fallar y a mentir en alguna de sus profecías.

¿Por qué? Hay muchos motivos y hay muchas razones en las cuales ahorita no puedo ahondar mucho, pero sí les voy a decir que esa es la razón por la cual el apóstol Pablo, en la primera carta de Corintios capítulo catorce, habla acerca de los dones espirituales y le dedica un capítulo entero al hablar en lenguas, a la profecía y a la ciencia.

El remedio apostólico en contra de los profetas mentirosos

El apóstol Pablo, aquí en primera de Corintios capítulo catorce, dice a la iglesia “cuando haya profeta entre vosotros, profeticen dos o tres y ―dice la Escritura que― cuando profeticen, los demás profetas que están allí juzguen la profecía” ¿Qué quiere decir esto? o ¿por qué el apóstol Pablo les está diciendo esto? Por lo que les acabo de decir, ningún profeta puede garantizar que todo lo que profetiza sea, verdad, los profetas no pueden garantizarlo.


Algunas noticias de los tiempos finales


El espíritu de la mentira es tan sutil, que puede engañar al profeta más grande, sencillamente. Recordemos lo que aprendimos la semana pasada, que el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz y eso está escrito.

La mayoría son Profetas mentirosos

Por otro lado, tenemos ejemplos bíblicos clarísimos, como allá en el libro de Reyes capítulo dieciocho y diecinueve, dice la Escritura que vino un espíritu de mentira sobre la boca de todos los profetas de Acab, eran más de 400 y ninguno se dio cuenta de que el espíritu de la mentira estaba allí y todos profetizaron mentira.

Así que, lo más normal que pase hoy en día, es que en la iglesia en la que tú te congregues o en la que no te congregas todos los profetas tengan espíritu de mentira, aunque sean cristianos, aunque sean evangélicos, aunque vistan de saco y corbata, aunque tengan una Biblia gigante, aunque sean muy consagrados, es probable que tengan espíritu de mentira.

Eso es muy factible y es más posible quiero aclarar esto, y de pronto muchos me van a odiar, pero tengo que decir la verdad porque por eso estamos ‘De Frente a la Biblia’ que un profeta diga mentira a que diga verdad, es más probable y más real que un profeta diga mentira a que diga la verdad.

Solo un 10% podría decir la verdad en profecía

Por eso, el apóstol Pablo dice “cuando vayan a profetizar, no profetice uno solo, que profeticen dos o tres”, ¿por qué? porque en la Escritura hay un misterio y, de pronto, no lo hemos visto; pero, el Señor Jesús enseñó que todo asunto basta su veracidad en la boca de dos o tres testigos.

Por eso, cuando el apóstol Pablo dice “cuando haya profecía, profeticen dos o tres”, ¿qué está pidiendo el apóstol Pablo? que un profeta hable, que otro profeta atestigüe que lo que el primer profeta dijo es verdad y un tercer profeta diga que lo que el primero y el segundo dijeron es verdad. Esto para evitar el engaño de profetas mentirosos.

Esto no sucede en ningún lugar

En la iglesia de hoy, eso lastimosamente no pasa, yo no he visto una iglesia, no la conozco, en donde un profeta diga algo, otro profeta lo ratifique y un tercer profeta lo reafirme diciendo que es verdad, eso no lo he visto.

Pero, el apóstol Pablo va más allá porque los dos o tres testigos era en el tiempo de la ley, el apóstol Pablo dice “profeticen dos o tres para ver si la palabra es verdad” y hasta allí diríamos ‘Todo bien’, pues es fácil que dos profetas se pongan de acuerdo, dos bandidos se pongan de acuerdo y quieran engañar a alguien y digan “bueno, vamos a profetizar esto… y vamos a decir aquello…”, dos o tres se pueden poner de acuerdo, hasta ahí sería fácil engañar todavía; pero, luego el apóstol Pablo añade y dice “y los demás ―es decir, los otros profetas que están en la iglesia que no profetizaron― juzguen si las palabras que dijeron estos tres son verdad”.

Todos creen que no se equivocan

Como digo, lastimosamente hoy en día eso no se ve, el poco conocimiento que hay del ministerio profético y de los profetas ha llevado a los que se dicen ser profetas, a un orgullo tan terrible que es imposible que tú le digas que se equivocaron, aunque la Biblia dice que sí se equivocan.

Y en realidad todos necesitan que alguien más ratifique sus palabras; pero, yo en lo personal tengo más de 20 años investigando y estudiando el tema de los profetas, y hasta el sol de hoy no he conocido todavía, entre todas las naciones a las que Dios me ha permitido ir y a todos los ministerios en los que he trabajado, un profeta que acepte que se equivocó.

Nadie quiere ser corregido, estos son los profetas mentirosos

Mucho menos he conocido a un solo profeta ―hombre o mujer― que acepte que otro profeta refute su palabra diciendo que es mentira, todos son perfectos, todos creen que tienen la revelación única, todos creen que son infalibles.

Y cuando eso pasa, es el principal detector de qué están agarrados por el espíritu de la mentira, porque hay orgullo en sus corazones, un profeta tiene que ser humilde, un profeta tiene que aceptar que sus palabras son falibles, que puede equivocarse, que puede mentir aún sin quererlo.

Un profeta tiene que aceptarlo y, por eso, se necesita que haya otro profeta a su lado que discierna, es decir, que juzgue lo que está diciendo y que el otro profeta diga “estoy de acuerdo” y diga “es verdad, amen” y haya un tercer profeta que discierna a esas palabras y lo ratifique.

Porque nadie quiere ser corregido o aprender, es el motivo que hayan tantos profetas mentirosos.

El “conclave” profético

Si en tu iglesias dos o tres profetas dicen amén a las palabras de Dios por parte del primero, allí apenas se ha cumplido la primera parte del consejo del apóstol Pablo, porque el Consejo sigue “ahora que ya ustedes dijeron que sí, el resto de los profetas juzgue o discierna que esas palabras son verdad”.

En otras palabras, no digan amén a la ligera, piensen, analicen, disciernan, y si verdaderamente el Espíritu del Señor el Espíritu Santo de Dios les da paz y les da la convicción en su corazón de que lo que los 400 profetas dijeron es verdad; entonces, créalo, pero ―reitero― aun así, a usted también lo pudo estar engañando el espíritu de la mentira y terminó creyendo en lo que los 400 profetas debieron mentirle.

El caso de Apocalipsis y los profetas mentirosos.

En el ejemplo de Apocalipsis, que fue el que hablamos con Nico la semana pasada, hablamos de que una mujer que se decía profetisa, enseñaba a fornicar a los siervos de Dios.

Esta mujer, Jezabel, no fue descubierta en la Iglesia por ninguno de los profetas locales, tuvo que venir un profeta de afuera y el apóstol Juan, que no tenía nada que ver con la congregación, un agente externo, desde afuera, pudo discernir lo que estaba sucediendo en la Iglesia.

Esto por la revelación del Espíritu Santo. Estos casos nos muestran ampliamente que ningún profeta es capaz de discernir, en sí mismo, el espíritu de la mentira, porque el espíritu de la mentira es muy sagaz y es muy fácil que por el espíritu de la mentira, el más grande profeta caiga.

En otras palabras, hermana Silvana, ¿cómo hace un profeta para no dejar que el espíritu de la mentira llegue a su vida? pues, no puede, la única forma en que el Espíritu de la mentira no llega a la vida de un profeta es que no sea profeta o que esté muerto; por las demás, va a llegar. Así que, necesitamos la ayuda del Señor y que el Señor nos ayude y nos guíe a toda verdad, siempre.