Saltar al contenido

Jesús es el Gran YO SOY

septiembre 6, 2019

Y ¿quién podría reclamar ese título?

¿Quién es el Hijo de Dios? Es la pregunta que debemos responder también. Siempre hemos interpretado, entendido y creído que el Hijo de Dios no es Dios pero su hijo, como se define por la palabra, cuando estamos hablando. Sin embargo, cuando la Biblia habla del Hijo de Dios, está trayendo una revelación muy grande y muy poderosa, porque la Biblia enseña que el Hijo de Dios es el mismo Dios, manifestándose como hombre en carne y hueso.

Así que, cuándo hacemos referencia al Hijo de Dios con “H” mayúscula en las Biblias, nos estamos refiriendo a Dios mismo hecho hombre, este el misterio de la piedad. Es el misterio que por muchos siglos estuvo escondido y que vino a darse a conocer en el cumplimiento del tiempo. Aquel Verbo se hizo carne, dice la escritura. Por eso, la definición de YHVH ─en la traducción más eficaz que podríamos tener─ es “YO HE SIDO el que HE SIDO, SOY el que SOY y SERÉ el que SERÉ”. En Apocalipsis 1.8 aparece una definición mucho más acertada en cuanto a la traducción de YHVH, cuando dice: “el que es, y que era, y que viene”.

El Hijo de Dios, es Dios mismo hecho carne, es YHVH manifestándose en la tierra en semejanza humana. La escritura declara que desde la antigüedad, Dios anunció este advenimiento: la manifestación de Emmanuel en la tierra; Y así, utilizando a todos los profetas, utilizando a los ángeles aún, para anunciar la manifestación gloriosa futura de Dios en la tierra se encargó de dejar bien claro el porque habría de ser adorado el ser que nacería, porque era Él mismo manifestándose en carne.

¿Quién es el Hijo de Dios?

¿Quién es el hijo? El Hijo es Dios manifestándose en carne. El apóstol Juan en su evangelio, en el capítulo 1, versículo 18, dice: “el Unigénito DIOS (que está en el seno del Padre), Él lo explicó.”, haciendo referencia ─como veíamos en la clase pasada─ a que el mismo Dios se hizo carne para podernos explicar quién es Él, para que nosotros pudiéramos conocerlo.

Mateo, en el capítulo 16 de su evangelio, versículo 3 en adelante, escribe que Jesús llevó a sus discípulos a cierta región de Cesárea de Filipo y les hace una pregunta: ¿quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? ─haciendo referencia a Él─. Los discípulos dieron muchas respuestas variadas: “unos dicen que eres Elías”, “otros, dicen que eres Juan el Bautista” y “otros, dicen que eres el profeta”. Pero, Jesús les pregunta a ellos de frente, los confronta y les dice: “Y ustedes… ¿quién dicen ustedes que Soy Yo?

En ese momento, el apóstol Pedro recibe una revelación directamente de Dios, desde el cielo, del Padre. Jesús espera la respuesta. Pedro lo mira y le dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente”. Para ese entonces nadie había comprendido, nadie había entendido verdaderamente qué significaba ser hijo de Dios.

¿Qué dicen las escrituras antiguas?

Desde las escrituras antiguas, se habían anunciado que el Hijo de Dios vendría, y todos esperaban la manifestación de Emmanuel. Sin embargo, ninguna persona podía sospechar ─siquiera─ que Emmanuel era Jesús, el hijo de José y María, no podían sospechar que Él era Emmanuel. Pero, todo Israel esperaba la manifestación de Emmanuel; es decir, Dios hecho carne.

Todos esperaban que Dios se manifestará como un hombre, en la tierra, pero ninguno pudo distinguir y ninguno podía sospechar o imaginarse que Jesús fuera el cumplimiento de esa palabra. Sin embargo, aquella tarde en Cesárea de Filipo, el apóstol Pedro recibe de parte de Dios la revelación poderosa y contundente de que ese Hombre que estaba delante de él (Jesús), que el hombre quien un día lo llamo de ser un pescador para que lo siguiera, ese Jesús que, presumiblemente, era constructor, albañil o carpintero según su oficio, es el Hijo de Dios.

Es en ese momento que Pedro recibe la revelación de que es Él (Jesús), el Hijo de Dios. Lo cual, no quiere decir en ningún momento ─como se interpreta y como se entiende coloquialmente en nuestro mundo occidental─, que hubo algún tipo de relación genética entre Dios y María para que el Hijo pudiera nacer.

El hazme reir árabe

Algunas personas del mundo árabe se burlan y se mofan de esta aseveración, porque lamentablemente el cristianismo ha entendido que el Hijo de Dios, es Hijo del Padre e hijo de María (de la mujer). Lógicamente, eso implicaría algún tipo de relación entre el Dios omnipotente y una mortal; lo que conduciría, de manera inexorable, a la aparición de un semidiós ─Jesús de Nazaret─. Este tipo de relaciones que, comúnmente, se presentan en las mitologías griegas árabes, nórdicas y en todas las culturas antiguas, en donde los dioses se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos, estos hijos son semidioses. Sin embargo, no es el caso de Jesús, porque el Hijo de Dios no es un ser creado, hecho de un Padre eterno celestial y una mujer humana. El Hijo de Dios, es Dios mismo manifestado en carne y hueso.

La Escritura enseña desde la igualdad, que Dios anuncio, por medio de Sus profetas, que nacería un ser en esta tierra, el cual tendría un reino eterno (para siempre). Podemos ver estas escrituras en Jeremías, podemos verlas también en el libro del profeta Isaías y en muchos otros, en donde el Señor anunciaba su manifestación y decía: “Yo Soy YHVH, el Dios de Israel, fuera de mí no hay Dios y fuera de mí, no hay quien salve”.