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Confesiones a la muerte, mi nuevo libro

agosto 27, 2020

Confesiones a la muerte, mi nuevo libro, publicado por editorial ITA ya está disponible en todas las tiendas digitales y en las mejores librerías de Colombia.

En algunos posts anteriores ya les había comentado que estaba participando en un concurso literario internacional con más de 500 escritores. Los generos literarios que participaron fueron todos en general.

Mejor relato de Horror y Thriller

Gracias a Dios al final de la convocatoria yo gané el concurso en el género de Horror y Thriller. Aunque en este concurso solo decidí dejar un pequeño fragmento del libro completo para tener el resto en un futuro cercano.

El fragmento ganador, al que titulé crónicas de la muerte, es un relato inusual de la más alta exposición narrativa concebida para este género según los especialistas que hicieron la crítica del texto.

Hoy El libro Confesiones a la muerte, está disponible, como una especial antología sobre la muerte. Si deseas puedes adquirir hoy mismo tu Copia Impresa y/o digital a mitad de preció en mi tienda.

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Dejo por aquí un pequeño fragmento del libro… Recuerda dejar tu comentario.

Confesiones a la muerte, Fragmento

«Y aquí estoy, siendo arrastrado por fuerzas que no puedo siquiera concebir en mi mente finita. Atado de alguna manera en mis dos brazos, y arrastrando mis pies por el desmayo de todo mi cuerpo al estar en la presencia de lo innombrable.

Escucho de igual manera las pesadas cadenas que arrastran detrás de mí, y el fétido y putrefacto olor de entidades indescriptibles que se asoman eventualmente en el camino fangoso por el que me llevan contra mi voluntad.

Figuras amorfas y repulsivas se revuelven en el suelo, pero lo más imposible de soportar, lo que es realmente intolerable son los alaridos desgarradores de otros entes que no puedo distinguir en la distante oscuridad de este lúgubre valle.

Todo el lugar está lleno de despojos, como si fieras profundas del pantano emergieran y desgarraran a los pobres infelices que se aventuran a transitar por este lugar.

En realidad no debo estar aquí, no tengo por qué estar en este espacio sombrío. Pero mi curiosidad desmedida y el deseo por ayudar a Arthur, mi amigo, me han traído de manera inexorable hasta este lugar. Ahora no encuentro salida alguna, ni manera de comunicarme con los repulsivos seres que me someten y llevan al matadero.

Si tan solo no hubiera escuchado aquella llamada en mi buzón, si tan solo hubiera estado inmerso en mis quehaceres convencionales, seguro no habría tomado el camino que me mostró Arthur.

Sin embargo siento, a pesar de todo y del inevitable futuro al que estoy destinado, cierta alegría y satisfacción de haber llegado en la ayuda de Laura y de su familia…

…aunque también debo decir, que lo más probable es que haya acudido por el deseo puro de conocer la verdad y entender los fines de la realidad que nos rodea; sin embargo, debo confesar que esto sobrepasa con creces lo que cualquier sórdida mente pudiera vislumbrar.

Simplemente no hay palabras en ningún idioma que conozca, que sean útiles para describir al detalle lo repugnante y vil de este valle y de los malditos seres que lo habitan, no puedo hacer más ahora, solo dejarme llevar.

Noto que mis lágrimas fluyen solas de mis ojos, no puedo contenerlas, ni evitarlas. Es imposible obviar el estupor y el espanto que siento ahora, justo en medio de este abominable hedor de materia en descomposición.

Las fuerzas se han ido de mí y no encuentro ánimo alguno que me permita siquiera tener la mínima esperanza de que mi situación cambiará, a menos no para bien.»

Quiero dejar en claro y compartir los hechos que me condujeron hasta aquí, y los motivos que tuve para seguir el camino que he recorrido. Todo comenzó cuando recibí un mensaje en el buzón de mi teléfono. Eran las 3:00 pm, del lunes 11 de agosto del 2008 cuando recibí una notificación de un mensaje de voz.

Me llamó mucho la atención que me llamaran desde un número extranjero, no me relacionaba con nadie fuera de mi región en Antofagasta, menos en otro país.

Supuse que solo eran mensajes de algún número equivocado. Los mensajes que recibí aquella tarde, cambiaron completamente mi destino, y también mi manera de contemplar la realidad de esta vida.

Pasaron quince días antes de poder atender con seriedad los mensajes que recibí, ya que al inicio, me parecieron que solo se trataban de una mala broma de Arthur, él siempre fue un bromista, pero este no era el caso.

Los mensajes llegaron entre las 3:00 pm y las 9:00 pm de ese mismo día, y esto era lo que decía la grabadora: «Tiene un mensaje nuevo: de 39 075 457852:

Marcus, Marcus, amigo perdona que te llame así de repente. Sé que han pasado muchos años desde la facultad, pero no tengo a quién más llamar. Por favor, si oyes este mensaje, no dudes en venir de inmediato… mejor aún, ve a mi casa de inmediato. Están sucediendo cosas imposibles de explicar por teléfono, pero estoy aterrado por lo que está aconteciendo. Laura, mi mujer, ¿la recuerdas? Ella está en…” Fin del Mensaje».

A esas alturas, recordé lo travieso que siempre había sido Arthur. Durante toda la vida que compartimos juntos, desde la más temprana infancia hasta nuestra graduación en la facultad de Ciencias puras en la Universidad de Santiago, fuimos los mejores amigos.

Siempre estuvimos unidos por lazos más allá de la hermandad y la confianza. Crecimos juntos en Antofagasta, ambos con un gran deseo de ser personas de bien y salir un día de nuestra rutina del pequeño villorrio de la séptima zona.

Un día nos fuimos juntos a Santiago a probar suerte y a estudiar en la Universidad Nacional.  Arthur fue laureado en Antropología, yo me gradué en Geofísica y Astronomía; eso fue allá en los años 95 y 99 respectivamente, cuando terminamos nuestras carreras y decidimos seguir adelante cada uno por su lado.

Nuestras vidas, siempre estuvieron unidas por la amistad más sincera y estrecha que pudiera existir, sobre todo después de la desaparición de su padre en el frio invierno de 1980. Él quedó solo, siendo hijo único, y pasaba la mayor parte del tiempo conmigo en casa.

A pesar de esa circunstancia tan difícil, Arthur nunca perdió el sentido del humor, y siempre hacía una que otra broma, algunas de mal gusto, que hacían que muchos de los vecinos sintieran enojo por sus acciones.

 Yo por mi parte, fui criado por mi padre solamente, ya que mamá falleció al darme la vida en el año 72. Así que de alguna manera, nos sentíamos identificados el uno con el otro y así forjamos nuestra amistad.

Años más tarde, conocimos a Laura, una muy brillante y hermosa señorita de la facultad de Sicología, y por ella no pudimos seguir unidos. Ambos nos enamoramos de la misma mujer, pero ella tenía sus preferencias por Arthur. Así que decidí alejarme de los dos y seguir con mi vida. Nunca supe más de ellos hasta esa tarde de invierno intenso en Santiago.»

Confesiones a la muerte


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