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La peluca en el sofá

Otra de mis creaciones que deseo compartir con todos, hoy: La Peluca en el sofá, Espero que les guste y la compartan con todos.


La peluca en el Sofá

Los cuernos ayer, hoy… por siempre.

Corría el año 2.100, las grandes urbes siempre eran hervideros de personas en un ir y venir interminable, daban siempre la impresión de un hormiguero alborotado por el descubrimiento de alguna fuente alimenticia cercana, el stress era la enfermedad habitual.

Los afortunados que habían sobrevivido a las guerras y pandemias de los años treinta y cincuenta; buscaron por cualquier forma la manera de mudarse a zonas menos pobladas, algo retiradas de las grandes ciudades y donde se pudiera respirar un aire algo más puro.

La planificación familiar era más estricta en lo posible no se procreaba ningún niño los primeros cinco años de matrimonio por si la relación no funcionaba se evitaba el riesgo de dejar niños traumados o de esa manera evitar también los grandes conflictos por custodia de hijos o peleas por manutención.

Cuando se desidia tener descendencia por lo general era un hijo. No importaba el sexo… preferiblemente varón.

Las viviendas estaban algo separadas una de otra y la privacidad era extrema, casi no se visitaba a nadie, todo la comunicación era vía telefónica, internet.

Los profesionales preferían trabajar desde su casa, la mayoría que trabajaba por su cuenta lo hacia desde una oficina debidamente acondicionada en algún rincón de la propia vivienda… ese era el caso de la escritora: Linda Mary.

Mary, por su profesión se podía dar el lujo de trabajar desde su hogar y hasta de tener una ayudante, por lo que se decidió a contratar una colocando un anuncio de prensa, de lo que el marido no había prestado atención y esto fue lo que conto el hombre, el día que una aspirante al puesto se presento en su puerta…

El timbre suena…

La despampanante mujer deslumbra, quedo anonadado; alta, de figura envidiable, pelo lacio y amarillo como el oro, labios rojos carnosos entre abiertos… seductores.

Con una voz encantadora, deja salir un murmullo dulce como la miel…para decirme:

―Hola, vengo por el anuncio.

Todavía en shock, conteste:

 ― ¿Perdón?

Largas pestañas se asoman encima de lentes oscuros. No veo sus ojos pero me los imagino azules cálidos, inspiradores y soñadores.

 ― ¿Buscan una asistente, cierto? ─me dice algo turbada.

―Ah, entiendo, disculpe… adelante ―digo nervioso y haciéndome a un lado para que pudiese entrar por el umbral de la puerta, pasa rozando mi cuerpo y sentí el aroma mas excitante alguna vez percibido, no pude dejar de ver el hermoso trasero que parecía duro y firme, esta mujer en realidad me deslumbraba.

Mi esposa, escritora de novelas, había colocado un anuncio de prensa.

 ¡Lo había olvidado!

Ya mi mujer había bajado de las habitaciones superiores hermosamente vestida y seductoramente maquillada.

Las dos pasaron al estudio y charlaron largo rato, yo me dedique a mis asuntos sin prestar mayor atención.

Al salir, mi esposa estampándome un sonoro beso en la mejilla, dice:

―Te presento a mi nueva asistente.

Estreche esa mano delicada como tercio pelo sintiendo un escalofrió al hacer contacto con la misma, las dos mujeres se dirigieron al jardín donde continuaron con su charla entre risas picaras y guiños de ojos. No me pareció extraño, no preste atención.

¡Debí  hacerlo!

Continuara…